Empieza con lo que no quieres
Una forma práctica de conectar tus metas de vida con tus finanzas
Ardmore, Co. Waterford, Ireland. [Mi pueblo]
Tus metas financieras deben apoyar tus metas de vida. Pero seamos honestos: definir lo que quieres en la vida no siempre es fácil.
Si le das una hoja en blanco a dos personas y les pides que escriban exactamente lo que quieren en la vida, puede pasar algo curioso. Una persona puede sentirse abrumada por tantas opciones. Otra puede sentir que no puede ver más allá de sus propios límites: el trabajo, el dinero, la familia, las deudas, las responsabilidades o el miedo.
Por eso, muchas veces, definir lo que quieres también implica entenderte mejor a ti mismo. Una forma más sencilla de empezar es cambiar la pregunta:
¿Qué es lo que no quiero?
¿Qué cosas quiero quitar de mi vida? ¿Qué hábitos, situaciones o presiones ya no quiero seguir cargando?
Matthew McConaughey ha hablado de esta idea cuando se refiere a definir quién quieres ser. Dice que no siempre es fácil saberlo, pero quizá puedes empezar por identificar quién no quieres ser y quitar algunos malos hábitos de tu vida. Creo que eso también aplica cuando pensamos en nuestras metas. A veces no sabes exactamente lo que quieres, pero sí puedes decir: Eso, definitivamente, no lo quiero.
Una sala de juntas en Irlanda
Te puedo dar un ejemplo personal.
Cuando estaba por cumplir 35 años, trabajaba como Head of Investment Consulting en una empresa en Irlanda. Cada mes teníamos una reunión los lunes por la mañana en la sala de juntas con el equipo directivo de la empresa. Yo formaba parte de ese grupo. No eran las reuniones más emocionantes del mundo. Recuerdo estar sentado una mañana, viendo a personas que tenían 10, 15 o incluso 20 años más que yo en esa misma empresa. Y pensé: Esto no es lo que quiero. No quería seguir exactamente ese mismo camino y verme sentado ahí en otros 10 o 15 años. Porque eso puede pasar en la vida. Estás en un trabajo, te va bien, todo parece relativamente cómodo, y de repente pasan 10 o 15 años. Sigues ahí. Y quizá un día miras hacia atrás y dices:
Bueno, eso fue lo que hice con mi vida.
En ese momento llevaba casi cinco años en la empresa. Había tomado muchos de los retos y proyectos que podía tomar. Y empecé a preguntarme:
¿Quiero seguir exactamente este camino?
¿Quiero estar sentado aquí en 5, 10 o 15 años pensando que esa fue mi decisión? La respuesta fue clara:
No.
Había demasiadas oportunidades afuera para quedarme haciendo lo mismo por el resto de mi vida. O incluso por otro año, dos años o tres años. Ahí entendí algo importante: Esto es lo que no quiero. Y tomé la decisión de renunciar.
Aventura con propósito
Cuando pensé en lo que realmente estaba buscando, era volver a sentir aventura. Por eso me fui a América Latina. Tenía dos objetivos principales: aprender español y meterme más en el mundo de la inversión de impacto. Entonces no era aventura por aventura. Había un propósito detrás. Viajé por América Latina, aprendí mucho, y esa decisión terminó siendo el punto de partida para mi siguiente etapa: crear mi propio negocio. Siempre había querido hacer algo propio.
¿Dónde entra el dinero?
Aquí es donde entran las metas financieras.
Las metas financieras no son dinero por dinero. Son una herramienta para apoyar la vida que estás tratando de construir. Un fondo de emergencia no es solo una cantidad en una cuenta. Te da tranquilidad y margen de maniobra.
Ahorrar no es solo ser disciplinado. Te da opciones.
Invertir no es solo buscar rendimiento. Puede ayudarte a construir el futuro que quieres.
Por eso, antes de pensar en números, vale la pena empezar con la pregunta de vida:
¿Qué quiero que mi dinero me ayude a lograr?
Y también:
¿Qué no quiero que mi situación financiera me obligue a aceptar?
Si no quieres vivir siempre bajo presión, depender de deudas, sentirte atrapado o no tener opciones cuando necesitas hacer un cambio, tus metas financieras deben reflejar eso.
El dinero no es el destino. Es parte de la estructura que te permite moverte.
La parte difícil: actuar
Por eso empezar con lo que no quieres puede ser útil. Mira tu propia vida y pregúntate:
Solo tengo una vida. ¿Esto es lo que quiero ahora?
Después viene la parte difícil: actuar.
Puedes definir metas. Puedes escribir planes. Puedes decir que quieres cambiar. Pero si no tomas decisiones, nada cambia.
En mi caso, tomar esa aventura significó renunciar. Significó aceptar el costo de oportunidad de dejar una vida más segura para elegir un camino mucho más incierto.
Ahí es donde entra la acción.
En el mundo corporativo conocí a muchas personas que decían:
Me voy en tres meses.
Me voy en seis meses.
No estoy feliz aquí.
Pero nunca tomaban las decisiones necesarias para ponerse en el camino que decían querer. Y al final, eso es lo importante.
Puedes tener todas las metas de vida que quieras. Pero si no estás dispuesto a actuar, no sirven de mucho. Ya sea crear un plan financiero para poder seguir tus metas de vida, dejar una situación que no quieres, o moverte hacia algo nuevo, en algún momento tienes que tomar decisiones.
Entonces, quizá no siempre debemos empezar con:
¿Qué es lo que quiero?
Quizá es mejor empezar con:
¿Qué es lo que definitivamente no quiero?
Porque cuando entiendes eso, puedes empezar a tomar mejores decisiones. Y poco a poco, puedes moverte en la dirección correcta.
No se trata de seguir el camino de alguien más. Se trata de descubrir el tuyo.
¡Hasta la próxima!
Vincent

