Aquí hasta un pobre se siente millonario

Una reflexión desde Mazatlán sobre el paraíso, el progreso y la seguridad financiera

Uno de nuestros paseos por el malecón de Mazatlán con mis niños.


En enero de 1954, el cantante José Alfredo Jiménez visitó Mazatlán. Cautivado por la ciudad y su gente, escribió el famoso Corrido de Mazatlán. Es un clásico, como muchas de sus canciones.

La canción celebra a Mazatlán y a su gente, pero la frase que da título a este artículo siempre me ha llamado la atención, desde que vine por primera vez en 2017. Suele verse escrita en distintos espacios públicos de la ciudad.

Mi interpretación es que incluso alguien con poco dinero podía sentirse rico simplemente por estar en el paraíso: la vida de playa, buena comida y una Pacífico bien fría.

Muchas veces me he preguntado si aquella idea expresada por José Alfredo en 1954 sigue reflejando la vida moderna en Mazatlán. En 2017, yo podía identificarme con la frase, pero no tenía verdaderas responsabilidades. Mazatlán estaba menos desarrollado y era mucho más barato vivir aquí.

Hoy, en 2026, tengo dos hijos y no me faltan responsabilidades. Aun así, Mazatlán ha cambiado mucho durante ese tiempo y el costo de vida ha aumentado considerablemente.

Una ciudad transformada

En aquella época, el municipio de Mazatlán tenía una población aproximada de 54,000 habitantes. Hoy tiene alrededor de 500,000.

El desarrollo económico ha transformado Mazatlán, especialmente durante las últimas dos décadas, en una ciudad más moderna. En ese proceso, la naturaleza quedó en segundo plano mientras el concreto ganaba terreno. Torre tras torre se levanta ahora a lo largo del malecón, muchas todavía en construcción, mientras nuevos fraccionamientos se extienden por la ciudad.

Este rápido crecimiento no siempre ha estado acompañado de la inversión necesaria en infraestructura. La presión sobre el drenaje y el alcantarillado, la gestión de residuos, el suministro de agua y la red eléctrica se hace cada vez más evidente. Lo vemos cada vez que llueve, aunque sea un poco.

Mazatlán tampoco cuenta con suficientes áreas verdes ni espacios de juegos infantiles en buen estado y con sombra. Estos deberían estar en el centro de la planeación urbana porque marcan una diferencia real en la calidad de vida de una ciudad. También hacen falta más instalaciones deportivas y una mejor adaptación a temperaturas cada vez más altas.

¿Todo crecimiento es desarrollo?

La seguridad es un tema importante aquí, por razones obvias. Pero se habla menos de la seguridad que siente la gente cuando confía en el sistema de salud, el sistema educativo y la red de protección social.

Me imagino las playas más tranquilas y el ritmo de vida más relajado que José Alfredo experimentó en 1954. He conocido lugares así con el paso de los años. Pero cuando la gente descubre un lugar especial, se corre la voz y el desarrollo llega de manera natural.

No estoy en contra del desarrollo económico. Simplemente me pregunto si realmente se puede llamar desarrollo cuando no se hace de una manera sostenible.

La esencia de lo que José Alfredo cantó en Corrido de Mazatlán sigue vigente. Hay buena gente aquí, la catedral sigue siendo hermosa y existen muchas razones para sentirse orgulloso. El Pacífico y los atardeceres te recuerdan por qué Mazatlán es especial.

Lo que sí puedes controlar

Aun así, como alguien que considera Mazatlán su hogar, veo que hay mucho por mejorar. No lo digo como un gringo quejándose de México. Lo digo como alguien que está formando una familia aquí y que se preocupa lo suficiente como para querer que la ciudad mejore.

José Alfredo comienza la canción diciendo que el destino lo trajo a esta tierra. A mí, el destino también me trajo hasta aquí, pero desde mucho más lejos: mi tierra, Irlanda.

Ninguna persona puede controlar por sí sola cómo se desarrolla Mazatlán. Pero cuando la red de protección social es limitada, la seguridad financiera de cada hogar cobra más importancia, no menos.

Crear un fondo de emergencia para afrontar imprevistos, ahorrar para la educación de tus hijos e invertir para el retiro no son objetivos financieros abstractos. Cada uno aporta una forma distinta de seguridad y permite que las personas tengan un mayor control sobre sus vidas.

En realidad, la famosa frase de José Alfredo nunca hablaba de dinero. Hablaba de vivir en un lugar que ofrecía una calidad de vida capaz de hacer sentir rico a cualquiera.

Esa sensación es más difícil de conservar cuando el crecimiento avanza más rápido que la infraestructura, se descuidan los espacios públicos, la inseguridad pasa a formar parte de la vida diaria y el costo de vida continúa aumentando.

El dinero no es la única medida de la riqueza. Pero, en una economía moderna, entender cómo fortalecer la seguridad financiera da a las personas y a las familias un mayor control sobre sus vidas.

La seguridad financiera es uno de los temas que exploro en mis talleres y cursos. Conoce los talleres y cursos de Faro 1982.

¡Hasta la próxima!

Vincent

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